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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
MATERIALES ADICIONALES 

II Trimestre de 2008 
"Jesús es maravilloso" 

Lección 3 

(12 al 19 de Abril de 2008) 

La naturaleza humana de Cristo: 
Una re-evaluación 

Dennis Priebe 

Hay ciertos temas de los que simplemente se prefiere no hablar. Por más apropiados 
que sean para el diálogo, se los evita escrupulosamente. A menudo se nos intenta 
hacer creer que en realidad no son asuntos importantes, que es indiferente el pensar 
de una u otra forma al respecto. Durante los últimos 25 años la naturaleza humana de 
Cristo ha venido siendo uno de esos temas. ¿Cuántos predicadores están dispuestos 
a hablar públicamente de ella? Sin embargo, por extraño que parezca, ese tema ha 
seguido estando presente en nuestras publicaciones. En la revista Ministry encontra- 
mos un reciente ejemplo. 

Antiguos temas recurrentes 

"Si bien las discusiones, tensiones y divisiones que suscita fatigan sobremanera al al- 
ma adventista, es cierto que hay aspectos de ese diálogo que son fascinantes y llenos 
de significado [el motivo es la estrecha relación que guarda con los grandes temas del 
conflicto de los siglos y el plan de la salvación]. La publicación de dos artículos en esta 
revista ha suscitado cuestiones y las va a suscitar inevitablemente entre algunos de 
nuestros lectores. 

En primer lugar está el estudio doctrinal de Roy Naden: The Nature of Christ: Four 
Measures of a Mystery' [La naturaleza de Cristo: cuatro dimensiones de un misterio]. A 
continuación el importante artículo de Woodrow Whidden sobre el tema, informando y 
comentando la nueva publicación del libro Questions on Doctrine. 

En razón de esos dos artículos, nos pareció que sería esclarecedor e interesante in- 
cluir un artículo explicativo... que Ministry publicó por primera vez hace 33 años en su 
número de octubre de 1970. 

Aunque desde 1970 han posado diluvios de agua bajo el puente teológico de nuestra 
Iglesia, en Ministry seguimos sintiéndonos básicamente de acuerdo con las posiciones 
defendidas en los temas tratados por los tres ensayistas en dicho artículo... 

Está claro que Jesús nació y vino a esta tierra en circunstancias absolutamente singu- 
lares, diferentes de las nuestras, y por lo tanto, recibió una naturaleza única en su cla- 
se... Su naturaleza es y fue completamente impecable" {Ministry, agosto 2003, p. 4. 
[Comentarios entre corchetes insertado por el autor del presente artículo]). 



Por toda evidencia, los redactores consideraron que el asunto de la naturaleza huma- 
na de Cristo tenía la importancia suficiente como para dedicarle diversos artículos, con 
el expreso propósito de demostrar que la naturaleza de Cristo era sustancialmente dis- 
tinta a la nuestra. 

Tres asuntos básicos 

La siquientes declaraciones están tomadas del artículo de Roy Naden (Ministry, ¡unió 

2003, p. 8-11). 

"A diferencia de nosotros en nuestro estado pecaminoso, Jesús no tuvo la más mínima inclina- 
ción o deseo hacia el pecado". El primer punto consiste en que Cristo no tuvo la más mínima in- 
clinación al egoísmo, orgullo, impaciencia, duda, desánimo, o a evitar las pruebas. 

"Había aceptado nuestra humanidad con las limitaciones físicas que habían impuesto miles de 
años de desintegración pecaminosa, pero tomó la naturaleza humana sin heredar de ninguna 
forma la pecaminosidad del ser humano. ¡Misterio!" El segundo punto consiste en que Cristo tuvo 
una herencia humana parcial, dado que no heredó inclinaciones pecaminosas. "Heredó nuestra 
naturaleza humana, pero no la pecaminosidad de esta herencia humana extremadamente peca- 
minosa. ¡Misterio!" 

Eric Webster dio soporte a ese punto de vista en una carta al director (Ministry, octubre 

2004, p. 30). 

"En referencia al nacimiento de Set, E. White escribe: 'Set... no heredó de la naturaleza de Adán 
más bondad natural que Caín. Nació en pecado {Signs ofthe Times, 20 febrero 1879)... Si Cristo 
hubiera poseído una naturaleza pecaminosa tal como Set, habría necesitado un Salvador". El 
tercer punto consiste en la asunción de que la naturaleza pecaminosa es pecado, y está en ne- 
cesidad de la gracia perdonadera. 

"¿Fue Cristo como Adán antes de la caída, o como Adán después de ella? Yo diría que ambas 
cosas. Fue como Adán antes de la caída en su impecabilidad, pureza y santidad de mente y 
carácter. Fue como Adán después de la caída en las fragilidades, flaquezas y debilidades de la 
carne. Tal como dice Naden: 'Jesús fue afectado, pero no infectado por el pecado'". Se insiste 
una vez más en que Jesús aceptó una herencia parcial de la raza humana. 

Las siguientes declaraciones han sido extraídas de un "Supplement to tine Ministra' 
(octubre 1970, vuelto a publicar en agosto del 2003). 

"La posteridad de Adán ha llegado siempre a este mundo heredando una naturaleza caída, pe- 
caminosa, propensiones al mal, y aparte del Salvador, condenación a la muerte eterna" (p. 7). 
Tiene cierto interés que en nuestra declaración oficial de creencia n° 7 no se haga mención algu- 
na a una condenación automática. "Sus descendientes comparten esta naturaleza caída y sus 
consecuencias. Nacen con debilidades y tendencias al mal" {Ministry, junio 2003, p. 8). 

En el suplemento de Ministry leemos que "Cristo no heredó en su nacimiento la natura- 
leza caída que hereda la posteridad de Adán... Si Cristo hubiera heredado la naturale- 
za malvada que deriva de la caída de Adán, también él habría nacido en pecado, bajo 
condenación, y por lo tanto en necesidad de un Salvador para él mismo... No tenía en 
su naturaleza aquello que lo predispondría a pecar. No poseía las pasiones ni los de- 



seos interiores que nosotros estamos obligados a subyugar diariamente por la gracia 
de Dios". 

Los que forman el pueblo de Dios están limitados por "su incapacidad para igualar de 
forma positiva la infinita perfección de Cristo, debido a que su naturaleza, facultades, 
poderes mental y moral o capacidades son todavía imperfectas y permanecen así has- 
ta la segunda venida de Jesús... Por tanto tiempo como retengamos esas imperfectas 
facultades, por tanto tiempo como nuestros poderes sean inferiores y nuestras natura- 
lezas humanas de base muestren resultados tan evidentes de la caída, no podemos 
pretender estar libres de pecado. 

[Jesús] no heredó el tipo de naturaleza que nosotros heredamos al nacer. De haber si- 
do así, habría sido el tipo de naturaleza que... ha de ser la posesión del pueblo de Dios 
en ocasión de la segunda venida". Es evidente la insistencia en que Cristo no heredó 
una naturaleza humana normal, sino que recibió una naturaleza especial, creada es- 
pecíficamente para él y distinta a la nuestra. 

"No es posible para ellos [los seres humanos] el alcanzar en esta vida la perfecta 
igualdad con la naturaleza humana de Cristo, debido a que poseen -hasta la segunda 
venida- facultades, poderes y capacidades que son el resultado de la caída del hombre 
en el pecado" (p. 7-16). 

"La Palabra de Dios no permite enseñar a partir de los usos bíblicos de esa palabra 
(perfección), que sea posible para el hombre inherentemente pecaminoso alcanzar la 
perfección última caracterizada por la ausencia de pecado aquí en la tierra, y la propia 
naturaleza del hombre niega esa posibilidad". El cuarto punto consiste en la afirmación 
de que nunca podremos estar libres de pecado mientras poseamos una naturaleza 
caída. 

"La salvación por la gracia y los méritos de la expiación de Cristo siguen estando dis- 
ponibles para los santos una vez que se haya terminado el tiempo de prueba". La gra- 
cia salvadora está "disponible en todo tiempo en la vida cristiana hasta el día de la ve- 
nida de nuestro Señor... Los pecadores son las únicas personas a quienes va dirigida 
la gracia salvadora... No hay evidencia alguna en la Escritura o el Espíritu de Profecía 
que indique el más mínimo cambio en la salvación por la gracia ministrada diariamente 
a los santos". Necesitamos comprender "la doctrina bíblica de la salvación por la gracia 
más allá del final del tiempo de gracia... Si están bajo la gracia es porque no están aún 
libres de pecado" (p. 18-22). Si seremos siempre pecadores y nunca estaremos libres 
de pecado, entonces se deduce que seguiremos necesitando la gracia salvadora o 
perdonadera hasta que regrese Jesús. 

"Obsérvense los resultados del pecado de Adán en lo que a nosotros concierne: fui- 
mos hechos pecadores... nacemos en un estado de culpabilidad inherente a partir de 
Adán... Heredamos la culpabilidad a partir de Adán, de forma que hasta incluso un 
bebé que muera un día después de haber nacido necesita un Salvador, aunque el niño 
no haya cometido por él mismo un solo pecado" (p. 27). 

Quienes creen que Cristo no tomó nuestra naturaleza caída sostienen esos cuatro 
puntos como centrales en su posición. Son precisamente los puntos que están en liza 
en toda discusión sobre la naturaleza humana de Cristo, y esa es la razón por la que 



no es probable que el tema de la naturaleza de Cristo quede pronto resuelto. 

Un poco de historia reciente 

A principios de la década de los años 80 hubo largos debates en la literatura de nues- 
tra iglesia sobre esos precisos temas. Norman Gulley escribió acerca de las posturas 
antes y después de la caída en estos términos: "Tanto la Escritura como los escritos de 
E. White presentan ambas posiciones... Jesús vino de las manos del Creador Espíritu 
Santo -lo santo gue nacerá'- como resultado de la obra creadora de Dios, tanto como 
lo fue el primer Adán". Eso significa gue la naturaleza humana de Cristo era creada, y 
no heredada. "Fue como la del primer Adán, o como será la de los redimidos cuando 
hayan sido transformados en la segunda venida... tomó la naturaleza debilitada, dete- 
riorada, afectada por el pecado, pero sin tomar sus propensiones o mancha de pecado 
gue predisponen a la inclinación a pecar... tuvo una naturaleza anterior a la caída y 
una posterior a ella combinadas de una forma singular... El pecado no es tanto trans- 
gresión de la ley como la rotura de una relación gue conduce a la transgresión de la 
ley. ¿Tuvo Cristo una relación rota con Dios o con el hombre en su venida a la histo- 
ria? {Adventist Review, 30 junio 1983, p. 4-8). 

"La Biblia se opone a un nacimiento sin pecado para todo ser humano. Afirma gue 'to- 
dos fueron constituidos pecadores' por la transgresión de Adán... Únicamente los dos 
Adanes entraron sin pecado al planeta tierra. Todos los demás nacen pecadores... La 
totalidad de la raza humana nace en este terreno caracterizado por el distanciamiento 
con respecto a Dios" {Ministry, agosto 1985, p. 11). 

Esas posiciones expresadas tan enérgicamente sobre la naturaleza de Cristo, de for- 
ma reciente y hace dos décadas, no pasaron desapercibidas para los lectores de 
nuestra literatura adventista. Reproduzco a continuación algunos extractos de cartas al 
director en respuesta a esos temas. 

"El autor describe a Jesús como pudiendo haber sostenido este diálogo con Satanás: 'Estoy aquí 
como el primer Adán antes de que lo tentaras. Tampoco yo he pecado nunca. Y tengo una natu- 
raleza impecable como la del primer Adán al ser creado'... Cristo nació como descendiente de 
Abraham. ¿Qué naturaleza tenían Abraham, Isaac y Jacob? Una naturaleza pecaminosa, caída. 
Jesús tomó la naturaleza del hombre tal como era ésta tras la caída... la única naturaleza que te- 
nemos es una naturaleza pecaminosa. Era la única naturaleza que había disponible para Jesús 
cuando se revistió de la humanidad... No es la naturaleza pecaminosa la que nos condena, sino 
el pecado. Todos nacemos con naturaleza pecaminosa, pero no somos pecadores por nacimien- 
to". 

"He quedado chasqueado y perplejo por la confusión expresada en ese y otros artículos que han 
ido apareciendo durante los últimos 50 años. Siendo que Dios nos ha estado conduciendo a una 
plataforma de verdad eterna, ¿cómo es posible que abandonemos aquello que el Señor nos dio 
durante los primeros 100 años? ¿Cómo es posible que prestemos soporte, como iglesia, a ense- 
ñanzas que provienen de aquellos que no han sido bendecidos por la luz que procede del trono 
de Dios? Nuestra meta, desde la publicación de los libros Questions on Doctrine y Movement of 
Destiny, parece ser apaciguar las inquietudes de los que quieren seguir las enseñanzas del pa- 
pado. En la Asamblea de la Asociación General de 1901, el Dr. Waggoner dijo: '¿No os dais 
cuenta de que la idea de que la carne de Jesús fue distinta a la nuestra (puesto que sabemos 
que la nuestra es pecaminosa) implica necesariamente la idea de la inmaculada concepción de 



la virgen María?' George Knight dice: 'La naturaleza de Cristo no ocasionó controversia en el Ad- 
ventismo en la década de 1890. Era un concepto teológico aceptado de forma general, y no era 
de ninguna forma objeto de debate...' ¿Por gué lo fue en los años 50? Porgue procuramos el es- 
tatus de no ser considerados una 'secta', a expensas de comprometer la verdad" (Ministry, junio 
2004, p. 3). 

"Si el pecado es un estado inherente a nuestra naturaleza... Cristo no pudo nacer con nuestra 
naturaleza -ya gue de haberlo hecho, habría sido un pecador-, y si no nació con nuestra natura- 
leza tampoco pudo ser nuestro ejemplo, excepto de forma utópica (a menos gue nos proporcio- 
nara también a nosotros naturaleza no caída). En consecuencia, no podemos vencer como lo 
hizo él, y hemos de continuar pecando, de forma gue el ministerio de Jesús en el santuario ce- 
lestial es primariamente administrar la ¡ustificación". 

"La teología adventista no presenta dos alternativas posibles sobre la naturaleza humana de 
Jesús nuestro Señor... Es como si nuestro pueblo decidiera gue creer en la observancia del do- 
mingo, o bien del sábado, está igualmente justificado a los ojos de Dios. Evidentemente, ha 
habido un cambio en nuestra posición histórica". 

"¿Nacen los bebés con la sentencia de la segunda muerte pendiendo sobre ellos? ¿Atribuye 
Dios culpabilidad al recién nacido, haciéndolo merecedor de la segunda muerte incluso antes de 
gue tenga la oportunidad de cometer pecados personales?... Nadie será arrojado al lago de fue- 
go debido al pecado de Adán, sino debido a sus pecados personales... [en su artículo] no sólo 
confunde el pecado con los efectos del pecado, sino gue llega a hacer la naturaleza pecaminosa 
eguivalente al propio pecado... Puesto gue se identifica la naturaleza caída con la culpabilidad y 
el pecado, todo recién nacido está necesitado de redención antes de ser capaz de pensar, hablar 
o actuar. Eso significa gue Jesús sería culpable por el simple hecho de nacer, a menos gue su 
naturaleza fuese diferente a la de los demás... ¿Cómo estableció [en su artículo] esa 'relación ro- 
ta' hereditaria para los recién nacidos? Regresando a la visita de Eva al árbol y especulando gue 
pecó en su mente al dudar de Dios, incluso antes de tomar el fruto. De esa forma la relación 
guedó rota antes de la comisión del acto de pecado. En eso basa su aseveración de gue todo 
bebé nace con una relación rota y en una condición perdida, sin haber cometido ningún acto de 
pecado. No gueda más remedio gue creer gue Eva se habría condenado, sea gue comiera del 
fruto o gue no lo hiciera..." 

"Hay una gran diferencia entre 'separación de Dios' y 'el resultado de la separación de Dios'. Los 
hi¡os de Adán no heredan la 'separación de Dios'... Heredan solamente el 'resultado' de la sepa- 
ración de Adán con Dios, gue implicó una naturaleza debilitada, caída, y la inevitable primera 
muerte... De igual forma en gue [en su artículo] confunde pecado con naturaleza pecaminosa, los 
resultados del pecado con el pecado mismo, y la separación de Dios con la naturaleza caída, el 
autor confunde las propensiones malvadas con las propensiones naturales... No sé de nadie gue 
crea gue Jesús pecó o nació pecador. Tampoco conozco a nadie gue crea gue Jesús tuvo 'pro- 
pensiones pecaminosas'. Pero sé de muchos gue creen gue tuvo 'propensiones naturales' como 
cualguiera de nosotros, consecuencia de haber nacido con una naturaleza caída, lo mismo gue 
nosotros. Las propensiones malvadas son agüellas inclinaciones hacia el pecado gue se han cul- 
tivado y fortalecido mediante la indulgencia en el pecado. Las propensiones naturales son las in- 
clinaciones heredadas. Las primeras implican culpabilidad, pero no las otras. No hay pecado a 
menos gue uno ceda a la propensión". 

"La cuestión de la naturaleza de Cristo no es un debate acerca de ciertas minucias teológicas... 
O bien la limpieza del santuario gue comenzó en 1844 ha de purificar y perfeccionar un pueblo 



que permanezca sin pecado, o nuestra denominación es el resultado de la ineptitud de un grupo 
de fanáticos desorientados para admitir que su comprensión profética de Daniel estaba equivo- 
cada. La cuestión principal tiene que ver con la victoria sobre el pecado. Si Jesús no pudo entrar 
en el conflicto y vencer en nuestra carne, tampoco nosotros podemos". 

El autor del artículo "pretende que la Biblia da dos definiciones del pecado: conducta y 
relación. Contrariamente a su aserto, en la Biblia sólo existe una definición. Está en 1 
Juan 3:4... Además, el que una relación rota con Dios venqa antes que el acto peca- 
minoso de la elección es algo que está por demostrar. Isaías 59:2 establece de forma 
inequívoca que el pecado separa al hombre de Dios [y no a la inversa]. Toda preten- 
sión de lo contrario nos sitúa fuera del terreno de la exégesis bíblica, para llevarnos al 
cenagal de la filosofía interpretativa" (Ministry, diciembre 1985, p. 26 y 27). 

Es de todo punto evidente que las reacciones ante la postura anterior a la caída de la 
naturaleza humana de Cristo fueron muy enérgicas, tanto en época reciente como 
hace dos décadas. Esa cuestión no va a desaparecer o a desvanecerse, dado lo vita- 
les que son para la misión de la Iglesia Adventista las conclusiones que de ella deri- 
van. Pondré fin a esta sección relativa a nuestra historia reciente con algunas reflexio- 
nes de Herbert Douglass, un participante prominente en los debates en la década de 
los años 80. 

"La posición de que Jesús asumió la naturaleza de Adán antes de la caída es de reciente apari- 
ción en nuestra iglesia. Dicha posición emergió en la década de 1950 en relación con una serie 
de eventos tendentes a re-formular los conceptos básicos adventistas. Las consecuencias de 
esos cambios han tenido mucho que ver con la situación traumática y las divisiones teológicas 
que la iglesia ha experimentado... El estudio de la humanidad de nuestro Señor no es meramen- 
te una cuestión de matices académicos... El porqué Jesús se hizo hombre... sólo puede ser 
comprendido a la luz del gran conflicto: una perspectiva grandemente ignorada, tanto por el pro- 
testantismo 'ortodoxo', como por el catolicismo... Había varias cuestiones, pero ninguna tan im- 
portante como la acusación de Satanás de que los hijos e hijas de Adán no podían obedecer las 
leyes de Dios, que dichas leyes estaban apartadas de la realidad y no eran para el bien de los 
seres creados. Esos asuntos capitales determinaron el tipo de humanidad que nuestro Señor 
asumiría a fin de satisfacer la justicia y silenciar a Satanás" (Ministry, agosto 1985, p. 10 y 1 1). 

Sin inclinación al pecado 

El primero de los cuatro grandes asuntos relacionados con la naturaleza humana de 
Cristo es si Cristo tenía las inclinaciones al pecado que son comunes a los seres 
humanos. En el artículo editorial de Ministry 6e agosto del 2003 se afirma que Jesús 
"hizo frente a todas las tentaciones comunes a los seres humanos". Es preciso aquí 
considerar juntos dos textos del Nuevo Testamento: Hebreos 4:15 nos dice que Cristo 
"fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado". Santiago 1:14 nos 
dice que "cada uno es tentado, cuando de su propia pasión es atraído y seducido". 
¿Fue Jesús tentado como "cada uno es tentado", o no? La palabra "pasión" incluye 
ciertamente el deseo humano de placer, provecho y honor. ¿Acaso las tentaciones que 
Satanás le diriqió en el desierto no iban dirigidas a la satisfacción de esos deseos o 
pasiones humanas básicas? 

Pero hoy se nos quiere hacer creer que Jesús no tenía el menor deseo o inclinación al 
orgullo, impaciencia, duda o desánimo. Si nosotros somos tentados cuando nuestras 



inclinaciones o deseos nos atraen a esas cosas y Jesús carecía de tales inclinaciones, 
entonces Jesús no fue tentado en ninguna de esas áreas en las que "cada uno es ten- 
tado". 

Se suele decir que las tentaciones de Cristo lo fueron a emplear su poder divino o a 
abandonar su misión de salvar al hombre. Es muy cierto, pero ¿es esa razón suficiente 
para ignorar Hebreos 4:15? ¿Fue Jesús realmente tentado como lo somos nosotros? 

Examinemos cierta evidencia inspirada. Jesús dijo: "No busco mi voluntad, sino la vo- 
luntad del Padre, que me envió" (Juan 5:30). ¿Por qué dijo Jesús que no buscaba su 
propia voluntad? "La voluntad humana de Cristo nunca lo habría llevado al desierto de 
la tentación... no lo habría llevado a sufrir la humillación, burla, reproche, aflicción y 
muerte. Su naturaleza humana rehuía todas esas cosas tan decididamente como lo 
hace la nuestra" (Signs of the Times, 29 octubre 1894). Si Cristo hubiera seguido los 
deseos naturales de su voluntad humana habría abandonado su misión y el plan de 
Dios para él. En otras palabras, su voluntad humana habría desobedecido a Dios, y él 
estaba en necesidad de negar su propia voluntad a fin de cumplir la voluntad de su 
Padre. ¿No es acaso exactamente esa nuestra situación? De forma natural, nuestra 
voluntad y deseos están en oposición con la voluntad de Dios, y hemos de someter la 
complacencia de nuestra propia voluntad a fin de obedecer a Dios. 

Hay un mundo de significado en este pensamiento inspirado: "Experimentando en sí 
mismo la fuerza de las tentaciones de Satanás" {Review and Herald, 18 marzo 1875). 
¿Dónde reside la fuerza de las tentaciones de Satanás? "Sus [nuestras] tentaciones 
más poderosas vendrán del interior, ya que debe batallar contra las inclinaciones del 
corazón natural" {Christ Tempted As We Are, p. 11). Si nuestras tentaciones más fuer- 
tes se dan en nuestro batallar contra las inclinaciones del corazón natural, y si Cristo 
experimentó en su propio interior la fuerza de las tentaciones de Satanás, es evidente 
que esas inclinaciones afectaban también a Cristo. "Si tuviéramos que soportar algo 
que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como in- 
suficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue 'tentado en todo punto, así como no- 
sotros' (Hebreos 4:15). Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos" {El Deseado de 
todas las gentes, p. 15 y 16). ¿Es el poder de Dios realmente suficiente para vencer 
las inclinaciones del corazón natural? Si Jesús no estuvo afectado por dichas inclina- 
ciones, entonces las acusaciones de Satanás no habrían sido jamás respondidas, y 
nuestra salvación sería más que incierta. 

"Las dudas asaltaron al moribundo Hijo de Dios" {Joyas de los Testimonios, vol. I, p. 
226). Cristo fue tentado por sus propios pensamientos a dudar -a no creer- las prome- 
sas de su Padre. 

"Bendijo a niños que poseían pasiones como las de él mismo" {Signs of the Times, 9 
abril 1896). ¿Poseen todos los niños deseos heredados hacia el egoísmo? Cristo estu- 
vo afectado por pasiones "como las de" ellos. 

"En su humanidad, el Hijo de Dios luchó con las mismísimas terribles y aparentemente 
abrumadoras tentaciones que asaltan al hombre: tentaciones a complacer el apetito, a 
aventurarse atrevidamente donde Dios no nos conduce, y a adorar al dios de este 
mundo, a sacrificar una eternidad de bienaventuranza por los placeres fascinadores de 
esta vida" {Mensajes Selectos, vol. I, p. 111 y 112). ¿Acaso no resultamos nosotros 



atraídos por nuestros deseos a hacer esas mismas cosas? Lo que hace que nuestras 
tentaciones sean tan terribles y abrumadoras es la intensidad de nuestro deseo por 
ellas, y aquí se nos dice claramente que Cristo experimentó esas mismas tentaciones. 

"¿Quién conoce la intensidad de las inclinaciones del corazón natural?" {Testimonies, 
vol. V, p. 177). ¿Cómo las conoce Cristo? "Conoce por experiencia... dónde radica la 
fuerza de nuestras tentaciones" (Ministry of IHealing, p. 71). Jesús experimentó sin du- 
da alguna la fuerza de las inclinaciones del corazón natural. 

En Getsemaní sucedió que "le abandonaron su depresión y desaliento" (El Deseado, 
p. 643). ¿No fueron sus propios pensamientos e inclinaciones naturales los que lo hab- 
ían llevado al desaliento? 

"Tenía la misma naturaleza que el pecador" (Manuscript Releases, vol. X, p. 176). Se 
hace necesario responder a la pregunta: ¿Era Adán en el Edén un "pecador"? ¿Es 
acaso "la misma naturaleza que [tiene] el pecador" en parte como la de Adán y en par- 
te como la nuestra? Lo cierto es que todo pecador tiene naturaleza caída y es fuerte- 
mente tentado por ella. 

La diferencia entre Cristo y nosotros no consiste en ninguna exención por su parte de 
las inclinaciones naturales hacia el pecado, propias de la naturaleza caída. La diferen- 
cia consiste en que ¡amas consintió esas inclinaciones ni las incorporó a su carácter, 
tal como hacemos nosotros. Las tentaciones del corazón natural fueron tan fuertes pa- 
ra Cristo como lo son para nosotros. 

Al margen del vocabulario que prefieran usar los defensores de una supuesta natura- 
leza previa a la caída en Cristo, si él carecía de inclinaciones naturales a pecar, senci- 
llamente no pudo ser tentado como nosotros, y queda así destruido uno de los mayo- 
res vínculos de Cristo con la raza humana caída. 

Herencia parcial 

El segundo aspecto en liza, en relación con la humanidad de Cristo, es el tipo de natu- 
raleza humana que heredó a través de María. La única forma en que Jesús pudo 
heredar nuestra naturaleza humana sin heredar "la pecaminosidad de nuestra herencia 
humana pecaminosa", es quedando exento de algunos aspectos de la herencia huma- 
na. El Espíritu Santo habría bloqueado algunos genes, que no se transmitirían a Jesús 
de la forma habitual. Dicho de otro modo: las deficiencias genéticas de María habrían 
resultado manipuladas por el Espíritu Santo, de tal forma que pudiera pasar una 
herencia enteramente singular a Cristo, que sería esencialmente diferente de la que 
todos recibimos de nuestros padres. 

Romanos 1 :3 afirma que Cristo "era del linaje de David según la carne". Ahora bien, se 
nos pretende hacer creer que Jesús fue hecho parcialmente -pero no totalmente- del 
linaie de David. E. White es aún más específica: "Como cualquier hi¡o de Adán, aceptó 
los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales 
demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal" (El Deseado 
de todas las gentes, p. 32). 

Uno de los antecesores de Jesús fue Set, quien "así como Caín, heredó la naturaleza 



caída de sus padres" (Patriarcas y Profetas, p. 66). Jesús recibió por herencia lo mis- 
mo que Set. Esa es la única conclusión posible a la luz de los pasaies expuestos, y es 
solamente debido a la existencia de una suposición preconcebida a propósito de la na- 
turaleza del pecado, por lo que no se acepta lisa y llanamente lo que dicen esos pasa- 
ies. 

Harry Jhonson, en su libro "The Humanity of the Saviour" lo expresa con precisión y 
claridad: "No existe la más mínima evidencia que suqiera una interrupción en la cade- 
na de la herencia entre María y Jesús" (London, The Epworth Press, 1962, p. 44). 

Los protestantes han rechazado históricamente la doctrina de la inmaculada concep- 
ción debido a que no se la encuentra en la Biblia. Pero muchos adventistas enseñan 
hoy que en la matriz de María se obró un milagro especial, de forma que ésta no pasó 
a Jesús ninguna tendencia o deseo pecaminoso. Como Iglesia profesamos repudiar la 
doctrina de la inmaculada concepción, pero en su punto más crítico y sensible estamos 
viniendo a concordar con ella para explicar el nacimiento de Jesús. Mientras rechaza- 
mos la impecabilidad de María, y rechazamos también que María no pasara nada a 
Jesús por herencia, aceptamos gustosos una especie de bloqueo parcial de la línea 
hereditaria en lo referente a los deseos y tendencias. Pero eso no es en realidad más 
que una versión modificada y más sutil de la inmaculada concepción. ¿Podemos estar 
seguros de no estar adheridos a la Iglesia de Roma? Nuestra enseñanza actual pre- 
dominante es una descendiente directa en la línea teológica de la inmaculada concep- 
ción. 

Identificando el pecado con la naturaleza pecaminosa 

La tercera cuestión está en el corazón de toda discusión sobre la naturaleza humana 
de Cristo. La posesión de una naturaleza pecaminosa, ¿lo hace a uno pecador y en 
necesidad de un Salvador? Si se pudiera resolver esa cuestión cesaría toda contienda 
acerca de la humanidad de Cristo. 

El redactor-jefe de \aAdventist Review, William Johnson, expresó su posición con cla- 
ridad: "Algunos argumentos van y vienen sin cesar debido a que los antagonistas no 
llegan al fondo del problema: el tema subyacente bajo la superficie del debate... El 
asunto de fondo es el concepto de pecado. Los que quieren comprender más clara- 
mente la naturaleza humana de Jesús avanzarían más si dejaran de debatir acerca de 
si Jesús vino con la naturaleza humana anterior a la caída, o con la posterior, y dedica- 
ran tiempo a estudiar lo que la Biblia dice acerca del pecado mismo... No sólo nuestros 
actos son pecaminosos; nuestra propia naturaleza está en guerra con Dios. ¿Tuvo 
Jesús una naturaleza tal? No. Si la hubiera tenido, él mismo habría necesitado un Sal- 
vador. No tenía... desviación alguna en su naturaleza moral que lo predispusiera a la 
tentación" (26 agosto 1933, p.4). 

Richard Taylor lo expresó así en su libro A Right Conception of Sin: "Quien carece de 
la adecuada comprensión de lo que es el pecado, no puede tener una comprensión 
adecuada de ninguna otra cuestión fundamental. Eso se hace especialmente manifies- 
to en relación con esta teoría de la expiación y con el método divino de la redención 
del hombre" (Beacon Hill Press, 1945, p. 9-11). 

La doctrina del pecado original, sostenida por Jonson y muchos otros en el adventis- 



mo, tergiversa cada aspecto del evangelio y de la expiación, de forma que nada queda 
intacto. Se va convirtiendo gradualmente en la posición dominante entre los adventis- 
tas, incluso entre los que profesan fidelidad a la Biblia y el Espíritu de Profecía. Es una 
doctrina sostenida por algunos en quienes confían leales y diligentes laicos adventis- 
tas. 

Una de las razones por las que el tema parece tan confuso es por falta de definiciones 
claras y simples. Existe una diferencia crucial entre los efectos del pecado, y el pecado 
mismo. Si bien los efectos del pecado tienen gran alcance y son a la postre letales, 
nadie atribuye culpa personal o condenación a los efectos del pecado. En contraste, el 
concepto de pecado va asociado a la culpabilidad, condenación, separación de Dios, 
juicio y muerte segunda. El foco, al considerar la justicia por la fe o la naturaleza de 
Cristo, debemos ponerlo en el propio pecado, más bien que en los efectos del mismo. 
La cuestión básica es aquí muy simple: ¿Es la naturaleza humana una parte del propio 
pecado, o bien es un efecto del pecado? Nuestras conclusiones a propósito de la natu- 
raleza de Cristo vendrán condicionadas por la respuesta que demos a esa sencilla 
cuestión. 

El decir que todos los bebés necesitan un Salvador ha venido a convertirse en una de 
las frases más repetidas y engañosas del pensar actual sobre la justicia por la fe. Efec- 
tivamente, un bebé necesita un Salvador, un planeta sufriente lo necesita ciertamente, 
los ciegos y los coios lo necesitan muy especialmente, pero no en el sentido de un 
perdón personal por pecados y culpabilidad personales. Una vez más, estamos con- 
fundiendo los efectos del pecado con el pecado mismo. 

Santiago 4:17 nos dice que "el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado". 
Los textos más claros a propósito del pecado no dicen nada sobre una naturaleza 
humana inevitable, o un estado de pecado. Decir que el pecado es naturaleza es decir 
que estamos pecando, incluso cuando elegimos no pecar. ¿Pudiera ser que esa com- 
prensión del pecado como algo inevitable y en continua progresión haya cauterizado 
de forma considerable nuestra sensibilidad al auténtico pecado (transgresión de la ley 
de Dios), de forma que hemos venido ahora a aceptar las transgresiones específicas 
como simples expresiones del gran pecado de tener una naturaleza caída? Dicho de 
otro modo: hemos venido a considerar el pecado como algo aceptable, como una parte 
normal de la vida, incluso de la vida cristiana. Hasta incluso hemos llegado a llamar 
"pecado" a la naturaleza caída, y "pecados" a los actos de pecado. 

Isaías 59:2 nos dice que "vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y 
vuestro Dios". Es el pecado lo que nos separa de Dios, lo que rompe nuestra relación 
con él, y no a la inversa. Sí, el pecado es realmente un estado, pero sigue a la decisión 
de pecar contra Dios, y continúa por tanto tiempo como el corazón siga sin arrepentir- 
se. 

Los que quieren demostrar que la naturaleza caída es el pecado en sí mismo, y no un 
efecto del pecado, sencillamente no lo han hecho. Ser nacidos en este mundo significa 
que estamos sujetos al hambre y la sed, fatiga y dolor, sufrimiento y muerte. Significa 
que el planeta en el que vivimos puede intentar nuestra destrucción. Significa ser naci- 
do de padres pecaminosos, recibiendo una naturaleza pecaminosa, y viviendo en un 
entorno pecaminoso. Pero no significa ser nacido culpable de pecado, o condenado. Si 
bien recibimos todos los efectos del pecado -naturaleza caída incluida-, no somos au- 



tomáticamente culpables de pecado. 

La conclusión de que el hombre es pecador por naturaleza no procede de la Biblia ni 
tiene su origen en el adventismo. Sus raíces alcanzan hasta Agustín y la Iglesia Católi- 
ca Romana, y ha sido transmitida en gran medida al protestantismo mediante los escri- 
tos de Lutero y Calvino. Los protestantes evangélicos se destacan hoy como defenso- 
res de esa comprensión sobre el pecado, y han hecho todo esfuerzo para que sea 
igualmente adoptada por el adventismo. La comprensión evangélica sobre el pecado 
es hoy aceptada por los círculos más elevados de la erudición adventista. Uno se pre- 
gunta cuándo comenzaremos a practicar el bautismo infantil, que es la única conclu- 
sión razonable de ese razonamiento según el cual los bebés nacen necesitados de un 
Salvador. 

La posición evangélica sobre el pecado hace imposible seguir aceptando la posición 
histórica adventista de que Cristo tomó nuestra misma naturaleza pecaminosa, triun- 
fando sobre el pecado en esa naturaleza peligrosa. Debido a la posición evangélica 
sobre el pecado, se nos comienza a decir que Cristo no pudo ser nuestro sustituto si 
tomó realmente nuestra naturaleza caída desde el nacimiento, y nos vemos obligados 
así a desarrollar complicadas explicaciones para permitir que Cristo participe de parte 
de la herencia humana, pero quedando exento de ciertos rasgos hereditarios. 

Hay algo interesante a propósito de ser nacido "en pecado". En Spirit of Prophecy, vol. 
1 , p. 60 leemos que Set "fue nacido en pecado". Cuando E. White desarrolló más am- 
pliamente la idea en Patriarcas y Profetas, escribió que Set, de igual forma que Caín, 
"heredó la naturaleza caída de sus padres" (p. 66). Ese texto paralelo muestra cuál era 
el significado que E. White daba a la expresión: "nacido en pecado". 

Imposible dejar de pecar 

El cuarto tema bien puede ser la motivación subyacente para todo el énfasis puesto en 
los años recientes en una naturaleza de Cristo no caída, o sólo parcialmente caída. El 
artículo editorial de la revista Ministry citada al principio de este documento, expresa 
los siguientes pensamientos: "El acompañante obligado en este tema de la naturaleza 
de Cristo... es, por supuesto, lo relativo a la perfección impecable impartida por Cristo, 
obrada en el corazón y conducta del creyente en Cristo... Esos asuntos específicos... 
tienen especial prominencia en la mente y corazón adventistas en relación con el fin 
del tiempo de gracia, el juicio final y la segunda venida de Cristo" (agosto 2003, p. 4). 

Ya hemos citado en este documento opiniones a propósito de que la perfecta ausencia 
de pecado es imposible debido a nuestra naturaleza pecaminosa, y de que la gracia ha 
de seguir estando disponible hasta la venida de Jesús, puesto que nunca estaremos 
libres de pecado. Woodrow Whidden lo ha expresado así: "¿Llegarán a alcanzar nues- 
tra naturaleza y experiencia una ausencia tal de pecado, de este lado de la glorifica- 
ción (incluso después del final del tiempo de gracia), como para dejar de necesitar los 
constantes méritos ¡ustificadores de Jesús? ¿Tomamos con seriedad a E. White cuan- 
do dice que las 'deficiencias inevitables' de los creyentes son remediadas por la justicia 
'imputada' de Cristo y que 'Jesús ama a sus hijos, incluso cuando se equivocan'?... 
¿No es acaso la perfección primariamente una actitud, más bien que una realización?" 
{Ministry, octubre 1993). 



Es pertinente prestar de nuevo atención a 1 Pedro 2:21 y 22: "Para esto fuisteis llama- 
dos, porque también Cristo padeció por nosotros, deiándonos eiemplo para que siqáis 
sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca". 

E. White urqió el mismo tema: "Si es que no tuvo la naturaleza del hombre, no pudo 
ser nuestro ejemplo. Si no hubiese sido participante de nuestra naturaleza, no habría 
podido ser tentado tal como lo ha sido el hombre. Si para él no hubiera sido posible 
ceder a la tentación, no habría podido ser nuestro ayudador... Su tentación y victoria 
nos dicen que la humanidad debe copiar el Modelo" {Review and Herald, 18 febrero 
1890). 

Aceptando la doctrina evangélica de que la expiación fue completada en la cruz y de 
que Jesús nació con la naturaleza impecable de Adán anterior a la caída, la mayor par- 
te de los pulpitos de nuestras iglesias han dejado de predicar que Jesús es nuestro 
Ejemplo en vencer toda tentación y pecado. Por consiguiente, el mensaje del santuario 
ha dejado de ser relevante, y el mensaje de advertencia del mensaje de los tres ánge- 
les de Apocalipsis 14 ha dejado de ser una pieza clave en el plan divino de la salva- 
ción. De ese modo podríamos ser salvos en nuestros pecados, no siendo ya necesario 
el desarrollo del carácter; no sería posible obedecer perfectamente los mandamientos 
de Dios mediante el poder del Espíritu Santo; el Espíritu de Profecía queda así relega- 
do a la categoría de reliquia irrelevante del siglo XIX, y el sábado del séptimo día deja 
de ser guardado de acuerdo con Isaías 58:13. 

Echemos una breve ojeada a algunas de las evidencias inspiradas a propósito de que 
el eiemplo de Cristo demuestra que la generación final vivirá vidas libres de pecado, 
contrariamente a lo que nuestros "expertos" nos están diciendo: 

"Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil 
años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la 
herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos 
efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, 
y dejarnos el ejemplo de una vida sin pecado" {El Deseado de todas las gentes, p. 32). 

"Envió a su Hijo al mundo para que llevase la penalidad del pecado, y para mostrar al 
hombre cómo vivir una vida sin pecado" {Reflecting Christ, p. 37). 

"Vino a este mundo y vivió una vida sin pecado, para que en su poder su pueblo pudie- 
ra también vivir vidas sin pecado" {Review and Herald, 1 abril 1902). 

"Nos ha colocado en un terreno ventajoso, en el que podemos vivir vidas puras y sin 
pecado" {Slgns ofthe Times, 17 junio 1903). 

"Todo aquel que por la fe obedece los mandamientos de Dios alcanzará la condición 
de impecabilidad en la que vivió Adán antes de su transgresión" {Slgns ofthe Times, 
23iulio1902). 

"Cristo nos ha dejado un ejemplo perfecto, en el cual no encontramos pecado. Sus se- 
guidores deben caminar en sus pisadas" {Hijos e hijas de Dios, p. 296). 

"La vida de Cristo es una revelación de aquello en lo que pueden convertirse los caí- 



dos seres humanos, mediante la unión y compañerismo con la naturaleza divina" (Ma- 
nuscript Releases, vol. 18, p. 331). 

"El Salvador llevó sobre sí los achaques de la humanidad y vivió una vida sin pecado, 
para que los hombres no teman que la flaqueza de la naturaleza humana les impida 
vencer. Cristo vino para hacernos 'participantes de la naturaleza divina', y su vida es 
una afirmación de que la humanidad, en combinación con la divinidad, no peca. El Sal- 
vador venció para enseñar al hombre cómo puede él también vencer" (El Ministerio de 
curación, p. 136). 

"Dios hizo por nosotros lo mejor que podía hacer, cuando envió del cielo a un Ser im- 
pecable para manifestar a este mundo de pecado lo que han de ser en carácter quie- 
nes han de ser salvos: puros, santos e incontaminados" (Manuscript Releases, vol. 9, 
p. 125). 

"Cristo vino a la tierra... para mostrar en la controversia con Satanás que el hombre, tal 
como Dios lo creó, conectado con el Padre y con el Hijo, puede obedecer todo reque- 
rimiento divino" {Signs oftiie Times, 9 junio 1898). 

"Al tomar nuestra naturaleza caída, mostró lo que ésta podría llegar a ser" {Mensajes 
selectos, vol. 3, p. 151). 

"Hermanos y hermanas, necesitamos la reforma que han de tener todos cuantos hayan 
de ser redimidos, mediante la purificación de la mente y corazón de toda mancha de 
pecado" (Counsels on Healtti, p. 633). 

"Somos limpiados de todo pecado, de todo defecto de carácter. No necesitamos rete- 
ner ni una sola propensión pecaminosa" (Review and Herald, 24 abril 1900). 

"Toda tendencia hereditaria y cultivada hacia el pecado debe ser reconocida, subyu- 
gada y limpiada" (Signs ofthe Times, 18 julio 1895). 

"Aborrecerán el pecado y la iniquidad, así como Cristo aborreció el pecado" (Fe y 
obras, p. 119). 

"Cuando conozcamos a Dios como es nuestro privilegio conocerle, nuestra vida será 
una vida de continua obediencia. Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comu- 
nión con Dios, el pecado llegará a sernos odioso" {El Deseado de todas las gentes, p. 
621). 

"Odiarán al pecado con un odio perfecto" (Fundamentáis of Christian Education, p. 
291). 

Conclusión 

El asunto de la naturaleza humana de Cristo no va a ser resuelto en unos pocos días, 
puesto que está en juego todo el plan de la salvación. Hebreos 2:14 y 15 nos dice que 
Jesús iba a destruir "por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte", "y li- 
brar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a 
servidumbre". El versículo 17 nos dice que la única forma en que Cristo podía lograr tal 



cosa es siendo "en todo semejante a sus hermanos": no en algunos aspectos, sino "en 
todo". La inspiración nos dice además: "La gran obra de la redención podía sólo ser 
llevada a cabo mediante el Redentor tomando el lugar del Adán caído" {Review and 
Herald, 24 febrero 1874). No habría podido cumplirse si Cristo hubiera tomado el lugar 
de Adán antes de la caída, o si no hubiera tomado el lugar de nadie (parcialmente co- 
mo Adán y parcialmente como nosotros). A fin de ser nuestro Sustituto impecable, tuvo 
que vencer las debilidades de nuestra naturaleza caída. Cristo se había de erigir en 
poder vencedor, allí donde había existido una fuerza irresistible para el hombre. 

Si bien no se trata de un comentario inspirado, esta declaración del Seventh Day Bible 
Commenfa/y demuestra una profunda comprensión del acto redentor de Cristo: "Cristo 
enfrentó, venció y condenó al pecado en la esfera en la que previamente había ejerci- 
do su dominio y señorío. La carne, escenario de los triunfos del pecado hasta enton- 
ces, vino ahora a convertirse en el escenario de su derrota y expulsión" (vol. 6, p. 562, 
edición en inglés). 

La gran cuestión a la que debía dar respuesta la encarnación es: ¿Puede Dios vencer 
realmente en el último refugio de Satanás -el corazón humano caído-? Si es posible 
que las debilidades y deseos humanos se suieten a la ley de Dios, entonces Satanás 
ha perdido su última batalla y la gran controversia queda verdaderamente decidida. 
Pero si Dios tuvo que hacer exento a su Hijo de ciertas tendencias humanas, ¿está la 
gran controversia más cercana a su final que cuando Satanás fue expulsado del cielo? 

Cuando Jesús prevaleció en la cruz, se oyó en el cielo una gran voz que proclamó: 
"Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su 
Cristo, porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos" (Apocalipsis 
12:10). ¿Nos permitiremos desposeer a Cristo de su gran victoria bajo el pretexto de 
hacer de él nuestro "sustituto impecable"? ¿Le negaremos la plena salvación que trajo, 
no sólo sobre los actos pecaminosos, sino también sobre la naturaleza humana debili- 
tada, caída y pecaminosa en la Satanás había creído reinar de forma suprema desde 
la caída de Adán? Permitamos que Cristo sea verdaderamente nuestro Sustituto impe- 
cable, a la vez que nuestro santo Ejemplo. Sólo el auténtico Cristo, realizando una 
auténtica expiación, puede conducir a su iglesia hacia la victoria final. 



Dermis Priebe 

Traducción pori/i/i/i/i/i/.//ibros t888.com 




Compilación: Rolando D. Chuquimia 



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